ruido

Un proyecto escénico-sonoro de Emilio Tomé.

Ruido05

Ruido en tu cabeza y ruido en tu ciudad. Ruido donde vienes y ruido donde vas. Ruido en tus palabras y ruido en el silencio. Cada vez menos de odio que de desprecio, menos de pasiones que de sentimientos, menos de deseos que de envidia y menos de gusto de vivir que de esfuerzo por sobrevivir. Mis problemas se han vuelto más sociales que musicales. Seamos realistas. Ya no se tiene la edad del corazón o de la piel, sino la edad de lo que se compra. ¿Acaso me podría contentar con explicaciones que me matan cuando tengo todo por ganar aquí, en el mismo lugar donde todo esta previsto para que me pierda?

Yo no voy a renunciar a mi parte de violencia.

Nada en los ojos.

Todo en la mirada.

Nada en las palabras.

Todo en los decibelios.

La cabeza es frágil, como un huevo.

-Thomas Bernhard.

Ruido pretende llevarnos a un territorio donde la desidia y la incapacidad de ordenar el pensamiento bloquean cualquier posible salida. La mirada perdida, incapaces de articular palabra, embotados, con la cabeza a punto de estallar, tan frágiles como un huevo. Desesperados. Sentir el suelo tambalearse y no mover un dedo. Debajo de la piel la sensación clara del miedo a reventar. Y el ruido de cada momento, impidiendo la claridad que necesitaría una huida. Eso que a todo el mundo le ha pasado algún minuto. Algunos días. Alguna vez.

Fogonazos de lucidez. Hemos secuestrado el espíritu de la contradicción y le hemos hecho cantar. Hemos salido a la calle y hemos reído. Hemos vuelto a casa y hemos llorado. Hemos estado cerca pero no lo hemos visto. Nos hemos abrazado y nos hemos cansado.

Existe un mundo delirante y, frente a él, sólo el ultimatum del realismo. Si queremos escapara a la locura del mundo, hay que sacrificar también todo su encanto. El mundo, al aumentar su delirio, ha hecho subir la puja del sacrificio. ¿De quién aceptarías lo que fuera con los ojos cerrados? ¿Tú mismo has cerrado ya los ojos, te has comportado ya ciegamente, has amado ciegamente y presentido la oscuridad? A cada uno su noche. A cada uno su sueño. Autómatas de nuestro propio placer.

Pero nada como este tedio de las ciudades. No lo ves ni sabes de dónde coño sale. Coge un bar cualquiera de una calle cualquiera de un barrio cualquiera y ahí lo tienes. Entras y te topas con él. Pero, ¿de dónde coño sale? No es del camarero, ni de los clientes, ni de la tapicería de plástico de los taburetes, ni de la luz confusa del neón. Ni siquiera de la televisión.

Queremos huir. Pero huir no significa, ni mucho menos, renunciar a la acción, escapar de la vida. No hay nada más activo que una huida. Es encontrar un arma. Disparar contra la amargura.

Y el tiempo corre, vuela. Parece que iempre necesitáramos agarrarnos a alguien para o caernos. Qué velocidad, cuantos accidentes. Qué fácil lo nuevo, qué oscuro lo viejo.

– Y, ¿qué conclusiones saca usted?

– ¿Conclusiones? Ninguna. Sólo era un comentario de pasada.

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Eso es lo bueno de Madrid que te puedes ir y volver cuando quieras. O te puedes pirar y no volver nunca. Porque los golpes duelen al darlos.

Tenemos una relación extraña con el dinero. Lo odiamos y lo necesitamos. No queremos mancharnos las manos con el dinero y nos condiciona la vida entera el obtenerlo. No nos interesa el dinero hasta que no lo tenemos. Adaptar nuestras costumbres, nuestros gustos al dinero que tenemos. Tomar decisiones en base a nuestra capacidad de producir dinero. El dinero no es nada. Es lo que tú haces con el. Si no somos capaces de transformar el dinero en otras cosas que nos hagan mejores estamos jodidos, estamos bien jodidos.

Además quemar dinero es ilegal, disminuye la riqueza del país y etcétera, etcétera.

Y para rematar estaba toda esa sangre. Toda esa gente en la televisión. Toda esa gente gritando en la calle. Todas esas muertes. Todas las mentiras y todas las excusas. Tu saliva en mi boca, nuestros movimientos. No puedo seguir hablando, discutiendo sobre toda esta sangre. Enfrentando = separando. Siempre creando bandos. Enfrentamientos como pensamientos. A veces dando, casi siempre recibiendo. Cuando no puedas más, tienes que saber que jamás, vas a poder pararlo. A veces gritando, pero siempre peleando. Elegir y enfrentarte a los que eligieron lo contrario. Infantilismo político = miles de muertos. Todo el mundo en mi cabeza. Todo el dinero circulando. Provocando. Humillando. Todo el dinero sangrando. Si alguna vez me pongo a hablar de estas cosas, dadme una buena hostia. Decidme las cosas, que puedan pararlo. Y recordadme cuáles son todas las cosas importantes, que se me están olvidando.

Un poco de historia(s)….

Ruido es un proyecto escénico-sonoro que reúne a investigadores sonoros con gente de la escena alternativa de Madrid. Nace en la escuela de arquitectura de Madrid, y se desarrolla mediante la búsqueda de paisajes sonoros y texturas ambientales, explorando las posibilidades del sonido e intentando liberarnos de prejuicios estilísticos a la hora de trabajar. Desde el principio pensamos en trasladar todo ese material sonoro a la escena, intentando dotarle de contenidos, de sentidos. Para nosotros, la creación en directo y la improvisación sobre “paisajes encontrados” eran algo innegociable. Escribimos textos que nos ayudaran en esta búsqueda, acciones que pudieran iluminar o complementar el ruido con el que trabajábamos. Leímos saltando de un libro a otro, intentando encontrar rutas y conexiones entre distintos autores. Sampleamos textos de Guy Debord, Raoul Vaneghim, Sam Shepard, William Burroughs, Jean Beaudrillard, Henry Miller. Luego mandamos todos esos textos a la hoguera. El desierto, la noche americana, la guitarra de Ry Cooder y los ecos de los berridos de Throbbing Gristle sonaron en nuestros ensayos. Sin duda el principal referente fue Cage: “Lo que cambió la cuestión radicalmente fue la disposición a dejar de trabajar antes de que la estructura estuviera acabada.”

Desarrollamos material visual que construyera una escenografía virtual y emotiva para envolver nuestra propuesta. De alguna manera tratamos de trasladar nuestro estudio de trabajo a la escena: lámparas, flexos, decenas de libros , vinilos y cintas de video. Objetos desperdigados, gafas de sol, gorras y skate-boards. Platos haciendo girar vinilos, micrófonos, sintetizadores, electrónica y una guitarra eléctrica. Intentamos quitar naturalidad a los textos, trabajarlos a dos voces, rapearlos, escenificarlos. Pensamos reunir cientos de clics de playmobil para que ocuparan el espacio escénico. Todas esas figuritas con los brazos al cielo nos acompañaban.

No pudimos pensar más que en un proceso, nunca en un producto acabado. Algo mutante que pudiera alimentarse y modificarse. Esto implicaba presentar de vez en cuando nuestro trabajo, confrontarlo con el público. No nos interesa la danza. No nos interesa la música o el teatro. Nos interesa algo que está entre medias. Creciendo. Cambiando.

Todo esto se desarrolla a lo largo de la primera mitad del año 2003, en donde David, el Tropas y yo nos dedicamos a encerrarnos en el estudio, y trabajar sin fechas. A veces de manera muy intensa, otras abandonándolo por completo…

Posteriormente, y ante la posibilidad de mostrar nuestro trabajo en la Casa Encendida dentro del programa “Emergencias”, se nos sumo Kike Castro, y dimos forma a una pieza de 30 minutos a la que llamamos: “Ruido-single versión”. Se presento en julio de 2003, en un único pase, en la terraza de la Casa Encendida, que hasta entonces no se había usado.

Un año después, y ante la posibilidad y apoyo brindados por Pablo Caruana, presentamos una nueva versión de 60 minutos en el Festival “Invertebrados” de la Casa de América, nuevamente en un único pase, en junio de 2004. A esta nueva versión la titulamos: “Ruido-L.P. versión”, y en ella concretamos todas las ideas que circulaban por nuestras cabezas durante ese año extraño y desquiciante que transcurrió entre una y otra presentación. No pudimos olvidar los acontecimientos convulsos que agitaron nuestros cerebros y sensibilidades. Poco antes los trenes de cercanías que llegaban a la Estación de Atocha habían estallado en mil pedazos.

Dirección y Dramaturgia- Emilio Tomé.

Ruido directo- David Gómez (Krapoola) y Julio Camarena (El Tropas).

Cuerpos y voces- Kike Castro y 300 más.

 

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