EL CUERPO DEL ÁNGEL

Una pieza de Elena Córdoba.

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El cuerpo del Ángel fue uno de los primeros resultados “visibles” del ciclo de investigación “Anatomía Poética“, en el que Elena Córdoba ha estado ocupada durante un largo periodo y que ha dado lugar a presentaciones, encuentros, piezas escénicas, trabajos audiovisuales y conferencias. El cuerpo del Ángel se presentó en la sala Cuarta Pared dentro de la programación de La Noche en Blanco de 2008.

«La naturaleza ha dotado al ala del poder de elevar lo pesado a las alturas donde habita la raza del los dioses. De todas las cosas corporales, ella es la que más participa de lo divino».
Fedro, Platón

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Reconstrucción anatómica del cuerpo de un ángel.

En una de las primeras conversaciones que tuve con el cirujano Cristóbal Pera, hablábamos de lo estrechos que son límites entre la belleza y la deformación del cuerpo. Cristóbal me ponía como ejemplo el cuerpo de los ángeles, criaturas monstruosas, en cuanto a que pertenecen a dos especies y sin embargo han sido, para el hombre, símbolos de belleza. Me lo explicaba de una forma tan apasionadamente detallada, que me imagine que podíamos pensar y hablar sobre esos cuerpos.

Esta idea fue tomando cuerpo y le propuse que reconstruyéramos el cuerpo de un ángel desde su anatomía. Durante tres meses Cristóbal y yo hemos mantenido una serie de conversaciones escritas sobre cualquier aspecto físico o poético de ese cuerpo irreal, del cuerpo del bien.

“Reconstrucción anatómica del cuerpo de una ángel” es el tercer estudio de anatomía poética. En esta reconstrucción he trabajado con: Chus Domínguez realizador de vídeo que ha creado una serie de videos sobre la elevación la caída, las aves, el peso y la ligereza; con la bailarina Camille Hanson que le ha puesto cuerpo a este ángel; con el fotógrafo Pablo García que fue construyendo, al hilo de nuestras conversaciones y trabajos, la imagen de nuestro ángel; y con Emilio Tomé que le ha dado la voz a nuestros diálogos.

Ha sido un proceso en el que, a veces, he sentido que mi función era la de articular el pensamiento, las imágenes y los movimientos de otros, la de hacer de mensajero. Una labor casi transparente.

Toda esta obra está impregnada del cuerpo de mi padre, que desde hace dos años lucha contra la inmovilidad y su peso.

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El cuerpo del ángel: Camille Hanson
El lector: Emilio Tomé
Películas: Chus Domínguez
Retrato del ángel: Pablo García
Conversaciones: Elena Córdoba y Cristóbal Pera Dirección: Elena Córdoba

 

Algunos textos de la propuesta:

Los ángeles son «seres espirituales» creados por Dios, antes de la creación del mundo, presentes ya, por lo tanto, cuando la Tierra fue creada.

Todos los ángeles fueron creados simultáneamente.

Los ángeles no están sometidos a la muerte ni a otra forma de extinción.

Los ángeles no se propagan ni multiplican como los seres humanos.

Los ángeles tienen acceso al mundo entero.

Los ángeles se relacionan a veces con los seres humanos a los que se “aparecen”.

Los ángeles «cuando se manifiestan bajo formas visibles a causa de su misión a favor de los hombres» lo hacen bajo formas monstruosas en las que combinan cuerpos humanos con alas para volar, constituyentes fundamentales de la anatomía de las aves.

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En las aves las alas son el resultado de la transformación de las extremidades anteriores de los reptiles, transformación que afecta a su esqueleto, con acortamiento del húmero, el cúbito y el radio, así como de los huesos de la mano, hasta desaparecer ésta como tal. Sin embargo, los ángeles conservan sus extremidades anteriores y además «tienen» alas… Por eso son monstruos de la imaginación.

Si les colocáramos, por ejemplo, unos potentes pectorales, como las aves, estos músculos actuarían sobre sus brazos pero no sobre sus alas. Lo mismo sucedería con los músculos que elevarían las alas, como el deltoides. ¡Serían algo así como culturistas que hubieran desarrollado los músculos de la cintura escapular y, al mismo tiempo, como niños disfrazados de ángeles en un fiesta infantil, con alas adheridas a sus escápulas!

Para que los ángeles pudieran volar tendrían que transformar su esqueleto en el correspondiente a las aves, un esqueleto mucho más ligero con una disposición anatómica diferente en el tórax, con el esternón en forma de quilla. Entonces si serían pájaros, «pájaros del alma».

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El ángel como un hombre semipesado, semihueco, mitad aire, mitad carne, se me antoja similar a las gallinas, son aves excesivamente pesadas para volar, el ángel sería demasiado pesado para volar. Asocio, en mi pensamiento, lo ligero a lo hueco, no lo puedo evitar.

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¿Hemos visto algún ángel en la mesa, aunque sea como invitado?

¿Usa su boca con lengua y saliva y músculos y luego su garganta para tragar?

¿Cómo sería el interior de la cavidad abdominal de un ángel?

¿Estaría hueco el cuerpo de nuestro ángel?

¿Hablan y cantan, pero no comen luego no necesitarían dientes?

Todavía no he visto una representación de un ángel que ría. ¿Tú has visto alguna?

En la Catedral de Reims se encuentra, en la fachada, un ángel sonriente,

La sonrisa de este ángel es una sonrisa fría, forzada en la piedra, poco convincente, una sonrisa que André Malraux, en su libro El museo imaginario, comparó con la sonrisa de una escultura budista.

No creo que la felicidad, eterna e inmutable, sin la contraposición de la experiencia y el conocimiento de la infelicidad, pueda ser representada en la visión humana de la cara asexuada o andrógina de los ángeles buenos. La mayoría de las representaciones de los ángeles muestran un rostro de pánfilo.

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El cuerpo humano de un ángel es un cuerpo que pertenece al «orden clásico», tal como lo definiera el semiólogo ruso Mikhail Bakhtin, ya que posee las siguientes características:

  • Cierre de todos sus orificios naturales

  • Prohibición de todas las uniones del cuerpo con el mundo exterior.

  • Ocultación de todos los signos de vida en el interior de su cuerpo y de sus funciones.

  • Ignorancia de toda relación con la fecundación, la gestación y el alumbramiento.

  • Imagen de un cuerpo completo, impenetrable e individual.

Estos monstruos imaginarios que son los ángeles así concebidos no poseían ni poseen las estructuras anatómicas necesarias para levantar las alas y alzar el vuelo.

Desde este punto de vista, es posible otra versión del ángel caído: en realidad los ángeles no cayeron porque fueran expulsados del entorno de Dios al revelarse, sino porque no podían volar.

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La reconstrucción o deconstrucción anatómica del cuerpo de un ángel se convierte así en un pensar desde el cuerpo sobre nuestro propio cuerpo y sobre los cuerpos que nos parecen monstruosos. 

Al fin y al cabo, el  ángel imaginado como monstruo de belleza y de bondad hay que buscarlo en las posibilidades   del propio cuerpo humano llevadas al límite.

Más allá del límite se encuentra el misterio y «empieza a aparecer el monstruo». Más allá del limite, en el territorio de lo “indistinto” imaginamos a las corporeidades con las que pretendemos complementar nuestras insuficiencias y calmar nuestros miedos.

Este cuerpo imposible representa, un deseo de superación sobre el cuerpo del hombre, sobre su realidad. Este monstruo del bien también encarna la negación de los cuerpos que lo imaginaron. 

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En el cuerpo que se va haciendo viejo, lo evidente es que, la mayoría de sus estructuras anatómicas pierden tensión interna, se distienden, se convierten en redundantes y se arrugan.

El cuerpo humano es, un «espacio que pesa», y que cuando se siente fatigado arrastra los pies que le sostienen por los ásperos caminos del mundo. La tensión interna cede y en el espacio corporal predomina entonces la pesantez que le liga a la tierra. La vida del cuerpo como espacio es un equilibrio inestable entre la tensión hacia fuera y la «tensión» encerrada en su interior.

En cuanto «forma», el cuerpo humano –esencialmente deteriorable– sufre una continua transformación a lo largo de su vida, y va siendo reemplazado poco a poco, imperceptiblemente, por otras formas que ceden ante la gravedad y caen.

Difícil es entender lo que queda en un «espacio corporal» humano, sin «tensión» interior, sin «memoria» y sin «mirada» .

Toda monstruosidad se fundamenta en la conformación corporal y, en este sentido, un monstruo es un ser vivo –o un ser imaginado por el ser humano vivo– cuya conformación, contraria a la naturaleza, difiere de manera extremada de la que corresponde a su especie o que, incluso, combina «imposibles» conformaciones de dos especies.

Los ángeles «cuando en determinadas circunstancias se manifiestan bajo formas visibles a causa de su misión a favor de los hombres» lo hacen bajo formas monstruosas en las que combinan cuerpos humanos con alas para volar, constituyentes fundamentales de la anatomía de las aves.

Si el monstruo absoluto, desde el punto de vista de la estética, lleva implícita la fealdad y desde el punto de vista de la ética, la perversidad y la maldad, la construcción cultural de los ángeles, sobre todo en la teología cristiana, los han transmutado en iconos de belleza y bondad.

En este sentido, el cuerpo desnudo de un hombre, o de una mujer, aplastado por unas enormes alas, tal como las pintara Rembrandt en el sacrificio de Isaac, que lo recubriese casi en su totalidad, solo en el espacio vacío de un escenario, podría ser el inicio de un relato visual acerca de la historia del fracaso de la anatomía imaginaria de los ángeles.