BOBOS

de Elena Córdoba.

Vamos como bobos, corriendo, tropezando, empujándonos, rebuscando en nuestros bolsillos, nunca en nuestras cabezas, tragándonos nuestro tiempo y echando el freno tarde, siempre demasiado tarde.

En Bobos también vamos así. Por eso los cuerpos que salen en esta obra son cuerpos obstinados, torpes que se mueven por impulsos que no son suyos y que por lo tanto, no pueden controlar.

Son cuerpos que no miran por dónde van y por eso van tropezando con todo.

Son cuerpos que bailan danzas inútiles.

Son cuerpos de una belleza descompuesta.

Son cuerpos de una medida humana, es decir, que se cansan, que se marean.

Son cuerpos que quieren estar siempre dos metros más lejos de donde tienen su culo, es decir, que tienen ilusión por que las cosas dos metros más lejos les vayan mejor.

Son y somos bobos atareados con las manos llenas de humo, bobos graciosos con el cerebro centrifugado, mártires bobos que valemos lo que podemos aguantar.

Soy tan débil que cualquiera podría caminar sobre mí sin auparse.

En esta obra me adentro en estados físicos torpes y desprotegidos, me adentro en los momentos donde perdemos el control de nuestra imagen, de nuestro equilibrio, de nuestras sensaciones, de la dirección de nuestros movimientos. hago danza a partir de estos espacios oscuros del cuerpo.

Es en las limitaciones donde, sobretodo, veo retratado al ser humano y solo me interesa, en mis obras hablar de él. Por eso reflejo tanto el movimiento como lo que cuesta hacerlo, por eso me interesan todas las dificultades y los espacios en sombra por los que el cuerpo pasa al moverse, al actuar, al hacer. El pelear contra esos limites, el mirarles a la cara, no es una forma de autodestrucción o un gusto por la desesperación, es bien al contrario una forma de esperanza. Bobos está construida sobre la ilusión del emprender, en esta obra se trabaja casi sin descanso se realizan de una forma laboriosa e ilusionada, tareas inútiles que se disipan como el humo, pero al fin y al cabo tareas.

Bobos es una obra que habla del extravío, de cuerpos en un estado descolocado, de cuerpos que no saben dónde están y por tanto chocan los unos con los otros, chican con los muebles, chocan contra lo que emprenden. Quizá esto se pueda observar como una metáfora; yo prefiero observarlo como algo que ocurre delante de mis ojos y que, multiplicado y tratado como materia de escena, es bello y evocador de muchos aspectos torpes y ciegos del ser humano.

Es una obra que muestra a sus intérpretes como un grupo, movidos por similares resortes que siempre están fuera de ellos, huyendo de su individualidad hacia el anonimato, quizá como consuelo, quizá cómo distracción.

Es una obra en la que la danza, como relato abstracto del cuerpo en movimiento, tiene una enorme presencia, y donde esa abstracción del cuerpo, tan distinta de tanto tropiezo y tanta ceguera, nos reconcilia con la belleza. Me gusta ver a alguien entregado por completo a bailar, algo en sí inútil, me gusta verle concentrando en ese fin todas las fuerzas de su cuerpo y de su voluntad: Me gusta verle perder los papeles, ver cómo se esfuma lo correcto de su imagen, verle transgredir sus límites de resistencia y de pudor, todo a través de algo tan vital e inútil como echarse un baile. Obviamente no todo se puede bailar, no siempre se puede bailar y hay momentos en lo que construir un relato a través de la danza sería tan torpe como organizar una fiesta en un velatorio.

Siento una atracción por la belleza que despiden las personas cuando bailan, cualquier persona y cualquier danza, cuando nos abandonamos a algo ilógico y que no tiene ninguna finalidad. La danza implica una entrega a algo que no reporta nada, que no tiene ninguna finalidad, el cuerpo entregado con pasión a algo inutil, me gusta provocar que se entre con esa pasión a destruir la imagen correcta que de nosotros tenemos, me gusta entrar de golpe y de lleno en la ridiculización de nosotros mismos. El ridículo. Emmanuel Levinas decía que la danza es una forma de ser donde no hay nada insconsciente, pero donde la conciencia funciona absorta toda ella. Absorto me parece una palabra perfecta para definir el estado que me maravilla de un cuerpo bailando. Obviamente no todo se puede bailar, no siempre se puede bailar y hay momentos en los que bailar sería un punto menos que estúpido.

Elena Córdoba.

[si quieres ver el vídeo completo de la obra, escríbeme a: emiliotome.et@gmail.com]

FICHA ARTÍSTICA

Bailarines: Montse Penela, Emilio Tomé, Jorge Horno y Lola Jiménez.

Espacio escénico, películas e iluminación: Carlos Marquerie.

Dirección: Elena Córdoba.

Esta obra ha sido subvencionada por La Consejería de las Artes de la Comunidad de Madrid, y por el I.N.A.E.M Ministerio de educación, cultura y deportes, y ha tenido residencia en el Aula de danza de la Universidad de Alcalá de Henares.

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